No ha podido ser más esclarecedor el pasado gran premio de Hungría. Todos hemos podido comprobar lo Grande que es Fernando Alonso como piloto, tanto en la pista como con su equipo, y lo poca cosa que es Hamilton, que se ha quitado definitivamente la careta y ha mostrado su verdadera cara, y menuda cara que tiene el tío.
De la carrera del domingo hay poco que decir, Hamilton aceptó el regalo de la FIA y de su papi, y se la llevó sin problemas. Porque si encima de montar la que montó a su equipo, se deja perder ante Raikkonen, hubiera sido para correrle a gorrazos.
A cambio, Alonso volvió a hacer una carrera grande, remontando todo lo que era posible, y adelantando siempre que se abrió la opción. Salir por la parte sucia ya había hipotecado su carrera. Y nunca se rindió.
Pero lo importante es lo que pasó fuera de la pista. Alonso, en contra de lo que se han hartado muchos de decir, demostró que es un auténtico hombre de equipo, con un talento desbordante. Permaneció calmado en Q3 ante la puñalada del británico, tuvo la sangre fría suficiente para fijarse en las gomas que le ponían, e hizo la pole con neumáticos blandos y además usados. Y lo mejor de todo, supo devolverle a Hamilton su puñalada con una jugada de maestro; pero claro, Alonso no contaba con que Lewis fuera un chivato capaz de actuar contra su equipo y compañero.
La reacción que tuvo Alonso el domingo fue aún más alucinante; en lugar de mandar a Hamilton y a la FIA a donde se merecían, fue capaz de obedecer la petición de su equipo y permanecer tranquilo. Habrá que ver si esa confianza y respeto que mostró Fernando se ven recompensadas adecuadamente por su equipo en las próximas carreras.
En cambio, Hamilton demostró ser un crío. Dijo a la prensa que Alonso no le hablaba; normal, mejor no hablarle que decirle lo que de verdad se merecía escuchar. Y dijo que volvería a desobedecer las órdenes de equipo si creían que le iban a perjudicar. Menos mal que decía Dennis que Lewis lleva McLaren en la sangre… Si no llega a ser así, no se lo que podría esperarse de él…
En cuanto a la prensa y la afición, parece que por fin se han dado cuenta de lo que es tener un campeón del mundo español, al que hay que apoyar, y si no que miren lo que está haciendo la prensa inglesa… Ocultan temas o mienten, según les convenga, hasta decir basta. Y esos eran los que muchos ponían como ejemplo de imparcialidad. A su lado Lobato se merece el Pulitzer.